Imágenes imperecederas, frases de diálogos, planos y secuencias, personajes, actores, actrices... Este libro es puro amor al cine. Eduardo Torres-Dulce nos acerca con su personal estilo a algunos de los momentos más gloriosos del cine.
Jorge Luis Borges confesaba, en “El libro de Arena”, que escribía para sí mismo, para sus amigos y para combatir el paso del tiempo. Por su parte, Juan Rulfo aseguraba que escribía libros que deseaba leer porque nadie los había escrito. El libro que presento con estas líneas, pertenece al linaje borgesiano: se ha escrito para mí, para y por algunos amigos; y para atenuar el paso del tiempo. No es un libro, que como requería Rulfo, yo necesitara escribir porque no estuviera escrito, sino que es un libro que tenía que escribir por una razón estrictamente personal. Nació en el comienzo del otoño de 1997, pocos días después de la muerte de mi padre, que me marcó profundamente. En una situación de soledad y de páramo sentimental, mi vida se agarró, como en otras ocasiones semejantes, al ancla del cine. Me dio por pensar en tantos momentos de imágenes, frases de diálogos, planos y secuencias, personajes, actores y actrices… (Eduardo Torres-Dulce